Fue un 13 de febrero de 1837 que se suicidó el escritor romántico Mariano José de Larra y Sánchez de Castro. Considerado junto con Espronceda, Bécquer y Rosalía de Castro, la más alta cota del Romanticismo literario español. Las ideas de Larra tuvieron su origen en la Ilustración española, y a su vez se mostraron muy influyentes en la posterior generación llamada del 98, de hecho, en 1901 tres destacados representantes de esa generación, Azorín, Unamuno y Baroja, llevaron una corona de flores a su tumba, homenaje que significaba su redescubrimiento y la identificación del grupo con el pensamiento de Larra y su preocupación por España. Sus primeros escritos fueron poéticos, fundamentalmente odas y sátiras, pero será el periodismo satírico el que le saque a la luz. Con diecinueve años Larra comenzó a publicar un folleto mensual llamado El duende satírico del día, en el que critica la situación social y política del momento. En uno de sus números criticó al director del Correo Literario y Mercantil, con el que posteriormente coincidió en un café y tuvo un enfrentamiento a causa del cual se le llevó ante las autoridades que cierran la publicación de Larra. Pero éste había conseguido ya cierto renombre
como agudo observador de las costumbres y de la realidad cultural, social y
política del momento.
También fué un día 13, en este caso de agosto de 1829 que se casó con Josefa Wetoret Velasco. El matrimonio fue
desgraciado y acabaría en separación pocos años después.
En 1834 publicó la novela
histórica El doncel de don Enrique el Doliente cuyo
protagonista es el del drama histórico Macías, prohibido por la
censura el año anterior y que se estrena el 24 de septiembre. Ambas se basan en
la trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores
adúlteros, un argumento que refleja en cierto modo la relación paralela al matrimonio que él mismo mantenía con
Dolores Armijo. En el verano de 1834, Dolores lo abandona y se va de Madrid, en
tanto que se separa de su mujer, embarazada, la cual dará a luz una niña,
Baldomera,
Su creciente desaliento e inconformidad
ante el curso de la sociedad y la política españolas junto con el dolor que le
produjo su separación definitiva de Dolores Armijo (Larra la había visitado
en Ávila en febrero de
1836, sin conseguir ningún resultado positivo) quedaron reflejados en sus
últimos artículos. Quizá el más notable es El día de difuntos de 1836,
publicado en El Español, en el que detrás de su habitual ironía aparecía un hondo pesimismo.
En la noche del 13 de febrero de 1837,
Dolores Armijo, acompañada de su cuñada, le visitó en su casa de la madrileña
calle de Santa Clara, comunicándole que no había ninguna posibilidad de
acuerdo. Apenas habían salido las dos mujeres de la casa, cuando Larra decidió
poner fin a su vida suicidándose de un disparo en la sien a la edad de
veintisiete años. Y muerto lo encontró su hija Baldomera.