De libros y humanos

sábado, 18 de agosto de 2018

"Cementerio de animales" de Stephen King

Las terroríficas novelas de Stephen King estuvieron presentes de forma asidua entre mis lecturas de adolescencia, pero dejaron de seducirme en la juventud, coincidiendo con el cambio de "estrategia" del autor, que como acertadamente leí en algún lugar y cito de memoria: pasó de escribir historias muy logradas, sencillas y rotundas, a querer escribir algo así como la gran epopeya de la novela americana del terror. 
O expresado en palabras propias: pasó de escribir historias intrigantes, efectivas y amenas, a "tochos" pretenciosos de terror forzado, grandilocuente y artificioso.
Esto, además de escribirlo aquí y ahora, también es más o menos la explicación que le dí a un conocido que hablándome de sus preferencias literarias me dijo que me recomendaba encarecidamente la lectura de Cementerio de animales de Stephen King que era al mismo tiempo la lectura -en general- que más miedo le había producido, y la que más le había gustado. 
Publicada en 1983 y por tanto, en época posterior a que personalmente dejase de seguir al autor, ni la había leído, ni recordaba tener ninguna referencia de ella, así que decidí dar al autor "una nueva oportunidad" y la verdad es que lejos de arrepentirme, finalmente agradecí la recomendación, pues la lectura del libro me remontó a aquel tipo de escritura e historias que en un tiempo me hicieron volver de forma periódica al autor: Carrie, El Misterio de Salem´Lot, El resplandor, Carretera maldita...
Cementerio de animales es una historia de terror puro y duro que se vive y siente a lo largo de la lectura y que deja un espeso sedimento después de acabar ésta. 
Tratándose como indica el título, de la muerte como temática central, y siendo ésta un hecho ineludible, natural, e implacable, King es especialmente cruel con sus personajes, a los que de forma atea deja sin esperanza presentando desde el mismo principio, la confrontación del Evangelio de San Marcos para el que la resurrección es una recompensa y la segunda oportunidad para redimirse y seguir disfrutando la vida, en tanto que en la novela, la resurrección es una monstruosa y completa desgracia. 
En este caso, quien juega a ocupar el papel de "Dios" es el doctor Louis Creed al que su hijita Ellie le había encargado que cuidara del gato, pero éste muere atropellado. Y Louis lo entierra en plena noche, más allá de la valla de troncos que nadie se atrevía a traspasar, más allá de los cuarenta y cinco escalones, donde el poder del antiguo cementerio indio le reclamaba y le ofrecía su aberrante consuelo para una espiral de dolor y un horror cada vez más intensos, porque el gato, Church, estaba allí otra vez. 
Sí, era Church, no cabía duda, aunque arrastraba los cuartos traseros, apestaba como un condenado, sus ojos eran mucho más verdes y mucho más crueles y su comportamiento era perverso. Pero volvía a estar allí y Ellie no lo echaría de menos. 
Para amantes del terror y de la mejor literatura del autor.

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