El lector que se acerca por primera vez a cualquiera de los libros escritos por Luis Landero, suele quedar gratamente sorprendido, -y lo sé por mí mismo, pero también por ávidos lectores amigos- y, en lo sucesivo resulta igualmente grato y placentero leer cualquiera de los demás títulos, porque es un escritor con unas temáticas, tono y forma de contar las cosas tan perfectamente identificables, que digamos forman parte de "un mundo peculiar, particular y muy definido", a la vez que rico en matices y de una soltura de frases y composición, que dan como resultado un perfecto conjunto y acabado. Landero pule tan bien todo lo que escribe, que toca los sentimientos y da la sensación de que esté contando las cosas, a cada lector individualmente. Y a partir de ahí, uno comienza a leer todo lo que de él se ha publicado y a esperar con ansia la llegada a las librerías de cada nueva novela.
En Absolución, Tusquets, 2012, se nos cuentan las peripecias de Lino, un hombre perplejo, y de carácter complejo y difícil por su tendencia al pesimismo, la soledad, y la inconstancia.
Es de sentimientos tan mudables y esperpénticos, que es capaz de enamorarse de una mujer por el tipo de artículos que porta en su bolso, para desenamorarse a continuación al ver cómo se come las dos mitades de un huevo relleno. Pero ahora se le presenta en el momento en que parece que todo eso puede cambiar gracias a la redención que puede suponer el amor de Clara con la que se casará en breve, para a continuación partir en viaje de novios hacia Australia, la tierra de promisión de sus sueños y fantasías.
Pero, no por casualidad el libro comienza con una sospechosa primera frase: "¿Será posible que, al fin, hayas logrado ser feliz?", y poco más adelante el narrador advierte que, "los dioses de la superstición suelen tener por ley que cuando todo es perfecto es porque algún mal viene ya en camino". Y en efecto, una inesperada contingencia aguarda a Lino, que no revelaré para no arruinar la lectura de esta sensacional novela.
Una historia repleta de finísimo sentido del humor y personajes memorables: como el padre de Lino, un hombre sorprendente, el señor Levin, Olmedo, y Comediante que es un perro muy listo, pero sobre todos, luce con luz propia Gálvez, un psicólogo, filósofo intuitivo. Un incondicional de la empresa para la que trabaja, de su esposa Paca con la que no convive y sobre todo y por encima de todo, de la captura clandestina de cangrejos.
Una novela, para gozar leyendo.
En Absolución, Tusquets, 2012, se nos cuentan las peripecias de Lino, un hombre perplejo, y de carácter complejo y difícil por su tendencia al pesimismo, la soledad, y la inconstancia.
Es de sentimientos tan mudables y esperpénticos, que es capaz de enamorarse de una mujer por el tipo de artículos que porta en su bolso, para desenamorarse a continuación al ver cómo se come las dos mitades de un huevo relleno. Pero ahora se le presenta en el momento en que parece que todo eso puede cambiar gracias a la redención que puede suponer el amor de Clara con la que se casará en breve, para a continuación partir en viaje de novios hacia Australia, la tierra de promisión de sus sueños y fantasías.
Pero, no por casualidad el libro comienza con una sospechosa primera frase: "¿Será posible que, al fin, hayas logrado ser feliz?", y poco más adelante el narrador advierte que, "los dioses de la superstición suelen tener por ley que cuando todo es perfecto es porque algún mal viene ya en camino". Y en efecto, una inesperada contingencia aguarda a Lino, que no revelaré para no arruinar la lectura de esta sensacional novela.
Una historia repleta de finísimo sentido del humor y personajes memorables: como el padre de Lino, un hombre sorprendente, el señor Levin, Olmedo, y Comediante que es un perro muy listo, pero sobre todos, luce con luz propia Gálvez, un psicólogo, filósofo intuitivo. Un incondicional de la empresa para la que trabaja, de su esposa Paca con la que no convive y sobre todo y por encima de todo, de la captura clandestina de cangrejos.
Una novela, para gozar leyendo.



