Si uno busca una lectura veraniega, un divertimento disparatado, ligero, desenfadado y divertido, con Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza se puede tener una opción muy acertada, pues en 139 páginas, hay humor, inteligencia, ingenuidad, originalidad, excentricidad, absurdo, agudeza..., sí, todos los ingredientes para pasar unas horas olvidados de la lógica y la seriedad, al resguardo de preocupaciones o complicaciones.
Y es que cuando Eduardo Mendoza se pone a escribir cosas serias, lo hace de forma magistral, como en el caso de La ciudad de los prodigios, Premio Ciudad de Barcelona o La verdad sobre el caso Savolta, Premio de la Crítica. Y cuando lo hace en tono desenfadado y humorístico, como en el caso de la novela que nos ocupa, también es un maestro en un tipo de escritura aparentemente sencilla, suelta y jocosa, lo que en el autor, también es parte de un característico sello personal.
De ahí que por unos y otros trabajos de su ya extensa bibliografía que incluye además de novela, ensayo, teatro y relatos, haya recibido distinciones tan destacadas como el Premio Franz Kafka, Premio Planeta, Premio Médicis, Premio Fundación José Manuel Lara, Premio Cervantes, y los ya mencionados Premio Ciudad de Barcelona y Premio de la Crítica.
En Sin noticias de Gurb, considerado por Mendoza su libro más excéntrico con diferencia, sin grandes pretensiones, y que probablemente y por lógica lo sea, ya que originalmente nació como un relato publicado de forma periódica en El País, se nos relatan las aventuras de dos extraterrestres, Gurb y su compañero, perdidos en la Barcelona preolímpica.
El primero, teniendo la posibilidad de poder adoptar el aspecto que desee, toma la apariencia de Marta Sánchez, y así desaparece.
Su compañero inicia su búsqueda que va reflejando en su diario personal, a través del cual vamos conociendo las anécdotas, extravagancias y disparates que le van sucediendo a ese estrambótico y esperpéntico ser, un loco espacial que como desayuno toma churros con whisky, y que metódicamente y de forma compulsiva va apuntando el parte diario de temperatura, humedad relativa del aire, presión atmosférica y estado de la mar, mientras preconiza que el mal tiempo, es el mejor tiempo para volar o navegar.
Otras extravagancias y peculiaridades de las que deja constancia son por ejemplo:
07,30. Salgo a la calle dispuesto a correr seis millas. Mañana, siete; pasado, ocho, y así sucesivamente.
07,32. Paso por delante de una panadería. Me compro una coca de piñones y me la voy comiendo mientras regreso a casa. Que corra otro.
Y así todo el tiempo.
Lo dicho, un libro breve, de fácil, divertida y en ocasiones disparatada lectura.

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