De libros y humanos

domingo, 5 de agosto de 2018

"Un mundo feliz" de Aldoux Huxley

La relación con la escritura y la ciencia de Aldous Huxley que vino al mundo el 26 de julio de 1894 en Godalming, Condado de Surrey de la vieja Gran Bretaña, estaba establecida desde la cuna, pues su abuelo fué el gran biólogo inglés Thomas Henry Huxley, su padre era, asimismo, un gran científico, y su madre sobrina del gran poeta Matthew Arnold, una de las columnas poéticas de la Era victoriana.
Y con esos antecedentes, además de escribir poesía, dió vida literaria entre otras historias a su cuarta novela Un mundo feliz, una utopía-fábula de ciencia ficción, que nos anima a no confiar ciegamente en los logros de la revolución científico-técnica como base de un progreso ilimitado de la especie humana. 
Una historia que con el tiempo se ha convertido en un clásico, en un libro que no sólo no ha envejecido, sino que hoy día se acerca más a la realidad, que en el momento en el que fué escrito y publicado.
Un mundo organizado en diez zonas, en el que triunfa el consumo y el estado de bienestar, con una estabilidad basada en el perfeccionamiento de la reproducción humana por el sistema "in vitro", procurando una "producción" de baja inteligencia y los condicionantes de trabajar en serie y "ser felices" con la existencia que les ha tocado, donde no importe ni la libertad, ni el individuo, sólo la eficiencia, la productividad y el pertenecerse unos a otros sin exclusividad. Un mundo carente de pasiones, amor, sentimientos, lecturas o contacto con la naturaleza, por ser todos ellos ajenos al consumismo ó poder crear conflictos.
Como auxiliar adicional en el control del individuo, el gobierno les proporciona una droga, el "soma", que hace que no sientan ni se preocupen por nada.
Dos personajes protagonistas y contrapuestos: Bernard que "fuera de control" se cuestiona ese mundo y decide explorar más allá de lo que está impuesto, y Lenina que aunque es promiscua, toma la droga de la felicidad a todas horas, no piensa por si misma y repite todos los tópicos que le han inculcado desde su creación, lo que le convierte en una perfecta representante de "el mundo feliz", pero que sin embargo acompañará en un viaje de búsqueda a Bernard, donde descubrirán el mundo "salvaje" y conocerá a John, un ser único y diferente por sus circunstancias vitales y a través del cual sabrán qué es el amor, los sentimientos, el cariño, el dolor, los libros y todo lo que se esconde detrás de ellos.
Y como conclusión a todo, un final trágicamente sorprendente.
Quien lea el libro y haya visto la película Matrix, podrá comprobar que le debe mucho a la novela que nos ocupa.
También es semejante en el tema, aunque muy diferente en el planteamiento y matices a la obra de Orwell, 1984.

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