En sus años de juventud, el escritor, novelista y dramaturgo alemán, Max Halbe tenía serias dificultades para pagar el alquiler del estudio en el que vivía.
La casera era una mujer paciente pero, un día, ya no pudo más y le dijo: -Señor Halbe, si no me paga ahora, sentiré tener que pedirle que se marche.
A lo que Halbe, amablemente y muy afectado, respondió: -Mi querida señora, por favor, ¡no lo haga!. Deje que le sugiera otro castigo: súbame el alquiler.
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