A medio camino entre el ensayo, la crónica y la novela, resulta una obra difícilmente clasificable, lo que entra dentro de las características personalísimas e innovadoras del tipo de escritura que hace Vila-Matas.
Marcelo es un oficinista contrahecho y solitario, que veinticinco años atrás publicó un relato para a continuación renunciar a seguir escribiendo y que ahora busca y rastrea no escritores como él o como Bartleby, el memorable personaje al que dió vida Melville con "Bartleby el escribiente" -el oscuro escribiente que jamás hace nada y que, ante cualquier petición, responde "preferiría no hacerlo"-, pasando de ese modo a ser un referente o prototipo en la memoria de los lectores como prototipo del escritor que no escribe o que después de hacer pública una o dos obras, renuncia a la literatura.
Y en estos trabajos de lecturas e investigación sobre la no literatura, Marcelo, que no quiere escribir, escribe.
Y lo hace sobre Rimbaud, que con tan solo diecinueve años, ya había publicado los dos poemarios que lo hicieron pasar a la historia de la literatura, después... nada.
Juan Rulfo, que tras escribir dos obras memorables que han pasado a ser clásicos: "Pedro Páramo" y "El llano en llamas", dejó de escribir, y cuando era preguntado sobre el asunto, respondía que su tío Celerino que era el que le contaba las historias, había muerto. Y en efecto, con la muerte del tío, falleció también la creatividad literaria del sobrino.
Otros casos de no literatura que aparecen por estas páginas dibujados con perfiles novelescos son Hart Crane, Pepín Bello o Julien Gracq.
En algunos casos, con personalidades tan enigmáticas como para ser capaces de utilizar numerosos pseudónimos o encubrir su aspecto físico -como sucedió por ejemplo con B. Traven (cuyo entramado de identidades, casi vuelve literalmente loco a alguno) o Thomas Pynchon-.
Casos que parecen anecdóticos pero que fueron completamente reales es el de Maupassant, Marianne Jung, María Lima Mendes o Salinger.
Divertidísimo es el caso del paranoico Pérez, singular personaje perseguido por una terrible fatalidad consistente en que cada vez que planea cuidadosamente un libro y está a punto de escribirlo, aparece una obra de Saramago que trata del mismo asunto e incluso tiene el título que Pérez había imaginado. Lo que recuerda bastante al personaje de "Manual de literatura para caníbales" de Rafael Reig que en su caso, siempre llegaba tarde a las nuevas corrientes literarias.
"Bartleby y compañía" es literatura que trata de literaturas, autores y truculencias, enigmas y anécdotas mil que giran alrededor de la creación o no creación literaria.
Una obra especialmente diseñada para lectores impenitentes y empedernidos, amantes de la literatura y sus entresijos.
Otros casos de no literatura que aparecen por estas páginas dibujados con perfiles novelescos son Hart Crane, Pepín Bello o Julien Gracq.
En algunos casos, con personalidades tan enigmáticas como para ser capaces de utilizar numerosos pseudónimos o encubrir su aspecto físico -como sucedió por ejemplo con B. Traven (cuyo entramado de identidades, casi vuelve literalmente loco a alguno) o Thomas Pynchon-.
Casos que parecen anecdóticos pero que fueron completamente reales es el de Maupassant, Marianne Jung, María Lima Mendes o Salinger.
Divertidísimo es el caso del paranoico Pérez, singular personaje perseguido por una terrible fatalidad consistente en que cada vez que planea cuidadosamente un libro y está a punto de escribirlo, aparece una obra de Saramago que trata del mismo asunto e incluso tiene el título que Pérez había imaginado. Lo que recuerda bastante al personaje de "Manual de literatura para caníbales" de Rafael Reig que en su caso, siempre llegaba tarde a las nuevas corrientes literarias.
"Bartleby y compañía" es literatura que trata de literaturas, autores y truculencias, enigmas y anécdotas mil que giran alrededor de la creación o no creación literaria.
Una obra especialmente diseñada para lectores impenitentes y empedernidos, amantes de la literatura y sus entresijos.

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