De libros y humanos

viernes, 4 de mayo de 2018

"Hambre" de Knut Hamsun


Calificar "Hambre" de Knut Hamsun como una de las novelas más influyentes de la literatura europea, con ser mucho, creo personalmente que es comedido, porque aunque es verdad que se trata de un ejemplo de literatura psicológica, estilo florenciente a principios del siglo XX y que sería la base de gran parte de la obra de James Joyce y de Virginia Woolf, entre otros, tanto las características del personaje como la forma de composición a la manera de monólogo interior tienen todas las semejanzas con novelas como "Herzog" de Saul Bellow (Canadiense) y "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger (Norteamericano), de modo que quizás sería más preciso y justo decir que "Hambre" es una novela que ha marcado la literatura moderna de occidente. 
El personaje central (y casi único) que deambula, se arrastra, sufre y disfruta a lo largo y ancho de las páginas, en sus desequilibrios, alucinaciones y pensamiento cambiante, nos hace pasar del drama y la desesperación, a la ocurrencia, el humor e incluso la risa hilarante. 
En continua lucha contra su precaria situación, se verá sin un techo en el que cobijarse y sin nada con que paliar su hambre al punto que intentará engañar a su estómago llevando a su boca unas astillas de madera e incluso una piedra, también su soledad es patética, de modo que el lector se llena de compasión y sufre, pero el registro cambia de forma súbita y radical y con ello el ánimo del protagonista, que puede ser cualquiera supuesto que no tiene nombre ni identidad concretas. 
Una vez tras otra este ser no aprovecha la oportunidad, ni en lo financiero ni en lo emocional -aunque ocasionalmente encuentra a una joven, a la que llamará Ylahali que al parecer se ha enamorado de él y con la que parece puede entregarse a los placeres sensuales-, pero una vez más reincide en conductas que cada vez le llevarán a caer más y más en la degradación y la miseria. 
Lo mismo ocurre con sus valores morales, en ocasiones ejemplares y por momentos deplorables, con lo que al final el lector queda desconcertado y ya no sabe si empatizar con el peculiar personaje o pensar que simplemente tiene lo que merece.
Una novela digna y muy recomendable de todo un Premio Nobel (1920), que explora el límite entre la cordura y la paranoia a lo largo de páginas de variado tono, lo que es de mucho mérito teniendo en cuenta que se trata de una novela corta.

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