De libros y humanos

martes, 13 de marzo de 2018

Charles Dickens se inspiraba entre el bullicio


El ya en vida muy célebre escritor inglés Charles Dickens (1812-1870), debió ser la excepción a la regla que dice que los escritores necesitan soledad, calma y silencio para concentrarse.
Fué su cuñado quien contó sobre él en una ocasión:
Una tarde en Doughty Street, la señora Dickens, mi esposa y yo estábamos charlando de lo divino y lo humano al amor de la lumbre, cuando de repente apareció mi cuñado Dickens. “¿Cómo, vosotros aquí?”, exclamó. “Estupendo, ahora mismo me traigo el trabajo”. 
Poco después reapareció con el manuscrito de Oliver Twist; luego sin dejar de hablar se sentó a una mesita, nos rogó que siguiéramos con nuestra charla y reanudó la escritura, muy deprisa. 
De vez en cuando intervenía él también en nuestras bromas, pero sin dejar de mover la pluma. Luego volvía a sus papeles, con la lengua apretada entre los labios y las cejas trepidantes, atrapado en medio de los personajes que estaba describiendo.

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