De vez en cuando, me gusta volver a los clásicos o a esas grandes obras a las que pienso hay que rendir homenaje mediante su lectura o relectura para volver a recordar cosas como el gran ingenio que algunos han atesorado en todas las épocas, de dónde venimos y la grandeza de autores maestros en transmitir sentimientos, ideas, formas de vida, retratos casi vivos de distintos momentos históricos.
La Celestina en el siglo XVI tuvo mayor difusión que El Quijote en el XVII. ¿Su gran atractivo?, quizás y como apunta I. Amestoy: "Ese lector, o esos oyentes, habían salido de la sórdida Edad Media para entrar en los nuevos burgos renacentistas donde el aire de la ciudad hacía libres a los hombres".
En España, habían calado tanto la cultura oriental como la judía, y La Celestina fué un depurado producto de aquella España plural. Esta tragicomedia de Calisto y Melibea que fué escrita para recitarse con arte, influirá en la novela más que en el teatro. En ella se puede ver un producto muy elaborado de una civilización. Escenas amorosas crudas y realistas, donde con frecuencia el puro deseo, eclipsa e incluso ridiculiza al amor. Ingenio para disfrutar y reír con un humor refinado hecho a base de giros en el lenguaje. Se lee con interés al alza que llega a su máxima expresión en el discurso final de Melibea que pretendiendo el suicidio, resulta de una lucidez asombrosa.
La Celestina en el siglo XVI tuvo mayor difusión que El Quijote en el XVII. ¿Su gran atractivo?, quizás y como apunta I. Amestoy: "Ese lector, o esos oyentes, habían salido de la sórdida Edad Media para entrar en los nuevos burgos renacentistas donde el aire de la ciudad hacía libres a los hombres".
En España, habían calado tanto la cultura oriental como la judía, y La Celestina fué un depurado producto de aquella España plural. Esta tragicomedia de Calisto y Melibea que fué escrita para recitarse con arte, influirá en la novela más que en el teatro. En ella se puede ver un producto muy elaborado de una civilización. Escenas amorosas crudas y realistas, donde con frecuencia el puro deseo, eclipsa e incluso ridiculiza al amor. Ingenio para disfrutar y reír con un humor refinado hecho a base de giros en el lenguaje. Se lee con interés al alza que llega a su máxima expresión en el discurso final de Melibea que pretendiendo el suicidio, resulta de una lucidez asombrosa.

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