De libros y humanos

jueves, 19 de julio de 2018

"Las intermitencias de la muerte" de José Saramago


La primera página de un libro puede ser fundamental para hacernos o no partícipes del resto, y en esta novela de Saramago, la primera frase ya atrapa totalmente: Al día siguiente no murió nadie.
En un país que puede ser cualquiera, la muerte decide suspender su trabajo, la gente deja de morir. Y a partir de este hecho inverosímil, la euforia colectiva se desata, pero es cuestión de tiempo que se dé paso a la desesperación y al caos.
Sobran los motivos. El tiempo no se ha detenido, de modo que el destino de la humanidad será la sobrepoblación y una vejez y decrepitud eternas.
Finalmente se buscan maneras de forzar a la muerte para que vuelva a su actividad y acabe así con los ancianos que se han convertido en estorbos permanentes. En el complot para que la muerte vuelva a las andadas participan -¿cómo nó?- el poder político, las mafias y las familias.
Pero sorprendentemente, la muerte resulta una figura dulce, interesante, inteligente y hasta graciosa, que se resiste a seguir matando y en cambio pretender vivir experiencias humanas de empatía. Llega así un momento en el que se puede sentir compasión por la misma muerte, un ser que en esta historia resulta casi entrañable.
Pero un día, decide volver.
Propuesta -como todas las de Saramago- inteligente, ocurrente, sorprendente y en este caso, también salpicada de elegancia, fino humor e ironía, resultando -contrariamente a lo que pueda pensarse por el tema- una lectura amable, quizás para compensar un trasfondo sobre el que se puede reflexionar de forma muy seria, profunda e incluso filosófica.
Una obra en la que una vez más se puede disfrutar ese sistema o estilo tan peculiar y personal de contar, fabular y escribir, de todo un Premio Nobel de Literatura como D. José Saramago.

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