Lisboa, 1938. En una Europa recorrida por el fantasma de los totalitarismos, Pereira, un periodista dedicado durante toda su vida a la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de un periódico mediocre.
Pereira tiene un sentido un tanto fúnebre de la cultura y prefiere la literatura del pasado.
Necesitado de un colaborador, contacta con el joven Monteiro Rossi. Y la intensa relación que se establece entre el viejo periodista, Monteiro y su novia Marta cristalizará en una crisis personal, una maduración interior y una dolorosa toma de conciencia que transformará profundamente la vida de Pereira.
Una novela magistral que logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores.
Y es que lo que se encierra tras una historia que aparenta ser la de un rutinario y peculiar periodista que se ve superado por los acontecimientos sin él haberlo previsto, es la toma de conciencia de un hombre común, alejado de la política para no tener problemas, pero que de forma involuntaria sufre un despertar acelerado debido al contacto con personas que le hacen temer y dudar del hasta cierto punto tranquilo mundo en el que vive, solo alterado por la preocupación por la cardiopatía que sufre, pero que no le impide saltarse con asiduidad la dieta prescrita al efecto.
Es la convulsión de un hombre mayor que se ha pasado toda su vida queriendo pasar desapercibido, mientras escribía crónicas negras, y que ahora viudo, mantiene conversaciones diarias con el retrato de su esposa, cuya sonrisa distante le aconseja qué camino debe seguir.
Con Pereira, Tabucchi creó un personaje intemporal, memorable, de esos que se recuerdan más allá de la obra en la que están inmersos y que se hacen un hueco propio en el mundo literario y en las memorias literarias individuales.

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