Joseph Ernest Renan, el autor francés (1823-1892) de esta "Vida de Jesús" fué además de escritor, filólogo, filósofo, arqueólogo e historiador.
Bajo mi punto de vista, además, un muy buen escritor, aunque quizás no sea esta precisamente su mejor obra, pero sí la más significada y controvertida.
De hecho destacó principalmente por sus polémicas obras sobre Jesús de Nazaret y el cristianismo primitivo, así como por sus polémicas teorías acerca de los pueblos semitas y el islam, los tipos de razas y el concepto "espiritual" de nación.
En su día formó parte del alumnado de la joven nobleza católica más aventajada, en lo que llamaban "una escuela de virtud", pero una profunda crisis religiosa (cuya influencia se hizo visible en varias generaciones de intelectuales franceses hasta el comienzo de la Gran Guerra) le hace abandonar dichas disciplinas. Se siente atraído entonces por los sistemas filosóficos de Thomas Reid, Nicolás Malebranche, Friedrich Hegel e Immanuel Kant, entre otros.
Pese a seguir sintiendo "cierta simpatía" por el idealismo religioso, para Renan, Jesús deja de ser el Dios-Hombre de su niñez, y los evangelios se convirtieron para él en "biografías legendarias".
Así escribe por ejemplo:
"Rechazamos lo sobrenatural por la misma razón que sentimos rechazo por la existencia de los centauros y los hipogrifos: esta razón es que nunca se ha visto ninguno. No es porque me haya sido previamente demostrado que los Evangelios no merecen crédito por lo que rechazo los milagros que cuentan: Es porque cuentan milagros por lo que digo: "Los Evangelios son leyendas; pueden contener historia, pero ciertamente no todo en ellos es histórico". (Ernest Renan (1968) Vida de Jesús. Madrid: Edaf, página 19).
La aparición en 1863 de una obra que contiene pensamientos como estos, hace que se active la intransigencia y se vea obligado a abandonar la docencia en el Collége de France. En ciudades como Sens, Marsella, Montauban, Lyon y otras, obispos, arzobispos y demás jerarcas eclesiásticos, condenan un libro que los fieles "no deberán leer (ni) conservar (ni) vender (ni) prestar".
Instrucciones que no impidieron que la primera edición se vendiese a muy buen ritmo, que el libro haya quedado como un clásico y que en vida del autor, éste, frecuentase el salón de la princesa Matilde Bonaparte, un círculo político y literario por el que desfilaron a lo largo de tres generaciones Sainte-Beuve, Taine, Flaubert, Gautier, Pasteur y los hermanos Goncourt, entre muchos otros ilustrados. Ser investido oficial (y posteriormente ascendido a gran oficial) de la Legión de Honor. Ser nombrado miembro de la Academia Francesa, en la que ocupó la silla 29. Invitado por el Patronato de la Fundación Hibbert y la Royal Institution, impartió una serie de conferencia en Londres sobre el origen del cristianismo. Y designado "administrador" del Collége de Francia, entre otros honores y puestos de confianza y responsabilidad.
Cuando fallece el 2 de octubre de 1892, se instala la capilla ardiente en el vestíbulo de dicho colegio.
Pero ahí quedó esta obra que ofrece una interpretación del Nuevo Testamento libre de toda referencia sobrenatural y una visión de Jesús como "un hombre incomparable, tan grande que no me gustaría contradecir a aquellos que, impresionados por el carácter excepcional de su obra, lo llaman Dios". Pero que curiosamente le valió el apelativo de "blasfemo europeo" por parte del papa Pío IX, incluyendo la obra en el Index Librorum Prohibitorum. Índice que aun cuando no se sepa latín, queda claro de lo que trataba.
En España y en la actualidad, tenemos la suerte y la oportunidad de leer la obra, y juzgar por nosotros mismos.

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